sábado, 23 de abril de 2011

• Los Hombres son más felices, que las Mujeres •

• Los Hombres son más felices, que las Mujeres •

O por lo menos así lo demuestra un estudio llevado a cabo por eDarling y el Instituto de Oxford en el que se han encuestado a más de 16.000 personas de distintos países occidentales. Del estudio también se desprende que Holanda y Alemania son los países donde las parejas están más satisfechas.


La web de búsqueda de parejas eHarmony, cuya filial española es eDarling, junto con el Instituto de Oxford han llevado a cabo un estudio en distintos países occidentales para saber el grado de satisfacción de las parejas. Tras encuestar a 16.573 personas de 16 países distintos han comprobado que los hombres siempre dijeron ser más felices.



Igualmente, en el estudio se observa que el país donde las parejas son más felices es Holanda, tanto los hombres como las mujeres, seguidos de Alemania, Estados Unidos y Europa. España se sitúa en el ecuador del ranking, por encima de países como Italia, Grecia o Noruega y por debajo de otros países cercanos como Portugal y Francia.


Las diferencias entre Estados Unidos y los países europeos también se han hecho patentes en este estudio. Al contrario que en la mayoría de países de Europa, en Norteamérica tanto hombres como mujeres tuvieron puntuaciones muy similares, lo que, según explican desde eDarling, invita a pensar 'que la idea de felicidad en las parejas en EE.UU. es muy similar para ambos sexos'.

• Los 7 tipos de orgasmos femeninos •

• Los 7 tipos de orgasmos femeninos •


Según estudios de la Universidad de Harvard, las mujeres son la única especie sobre el planeta que puede experimentar 7 orgasmos distintos, en una sección completa de sexo.

Más detalles a continuación:

  1. Punto G El orgasmo máximo que una puede experimentar es a través de la estimulación del llamado Punto G, una zona existente encima del hueso púbico. Esta zona íntima y de la cual tanto se habla incluso puede ser estimulada de manera digital o a través de algún juguete erótico.
  2. En Pechos Ya lo hemos dicho en notas anteriores, los pechos de una mujer son un fuente infinita y sin límites de placer. Se puede estimular con los dedos, así como también con la boca, a través de caricias suaves o un poquito más fuertes. Y aunque muchas les cueste creerlo, efectivamente se puede alcanzar el orgasmo a través de este tipo de estimulación.
  3. En la Mente Todo está en la mente, esa es la pura y santa verdad. Aunque también cueste creerlo, efectivamente puede alcanzar el orgasmo con la mente, para ello, es importante concentrarse en alguna fantasía sexual favorita.
    Incluso en 1992 esto fue confirmado a través de una medición en laboratorio.
  4. El Punto USe habla poco de este punto. Se trata de la uretra, que se encuentra cerca del clítoris y puede ser estimulado con dedos o también a través del sexo oral. La intensidad del orgasmo logrado a través de esta zona es similar al del punto G.
  5. Clítoris
    Uno de las zonas más populares para las mujeres y que evidentemente es una fuente inagotable de goce y de placer, se puede estimular con los dedos, con algún juguete sexual, con la boca o a través de la penetración.
  6. Punto KSe encuentra a ambos lados del clítoris, se trata de una zona bastante olvidada y muchas veces no reconocida por las mujeres, pero que a través de su estimulación se puede lograr el éxtasis.
  7. El Ano
    Si bien es muchas veces un tema tabú, lo cierto es que cada vez hay más mujeres que experimentan el sexo anal, si bien en un inicio se pensaba imposible, la verdad es que efectivamente se puede alcanzar el orgasmo a través de él. Lo importante es tener una buena estimulación previa que puede ser ayudada con lubricantes eróticos.
http://candidman.blogspot.com/

¿Está disminuyendo la velocidad de la luz?

¿Está disminuyendo la velocidad de la luz?

Buena parte de nuestra interacción racional con el universo físico se rige a partir de considerar a la velocidad de la luz como una constante universal; sin embargo registran evidencia que sugiere que esta constante pudiese estar variando, disminuyendo.

La velocidad de la luz podría ser considerada la constante universal por excelencia dentro del paradigma científico que ha regido las últimas décadas. Esta marca representa un parteaguas en la manera en que entendemos el universo físico, la utilizamos para calcular la edad del universo, para medir la distancia entre galaxias, para entender la materia oscura y para acuñar decenas e definiciones de preceptos fundamentales de la física. Pero, ¿qué pasaría si este pilar supuestamente inmutable estuviese experimentando una variación? ¿Cuáles serían las consecuencias de que se comprobase que la velocidad de la luz esta diminuyendo?

Recientemente parece haberse detectado evidencia que sugiere que la velocidad de la luz e esta desacelerando. Esta hipótesis ha sido reportada por un investigador francés de la Universidad de Nantes, Yves-Henri Sanejouand, y a pesar de que la afirmación aún se mantiene en el plano de la especulación científica, lo cierto es que es una probabilidad a la cual cada vez mayor número de científicos parecen estar tomando en cuenta. Y en caso de que se confirmara obligaría, por un lado, a replantear algunas de las leyes más significativas e la física (lo cual probablemente conduciría a un estado de caos en el pensamiento científico) pero por otro lado abriría una nuevo horizonte de posibilidades que seguramente nos permitiría finalmente responder cientos de interrogantes que hasta ahora se han mantenido virginales ante el estudio humano.

A través del telescopio Hubble se pudo observar que ciertas galaxias están alejándose de la Tierra a una velocidad proporcional a la distancia que nos separa de ellas. La explicación tradicional es que están siendo expulsadas por la expansión del eje tiempo-espacio. Pero para que esta hipótesis tenga sentido requiere de la existencia de la famosa materia oscura, cuya paradójica naturaleza (en caso de que realmente exista) hace que jamás haya podido ser confirmada con contundencia pero a la vez, si es verdad que existe, es muy probable que constituya el 70% del universo. Pero, si la velocidad de la luz esta en realidad disminuyendo, entonces este alejamiento de las galaxias correspondería simplemente a un efecto óptico. Y en este caso la existencia de la materia oscura ya no sería necesaria para entender este fenómeno. Otro enigmático pulso entre la comunidad astronómica corresponde a lo que se conoce como la “anomalía Pioneer”. En la década de los setentas la NASA envió un par de naves espaciales, las Pioneer 10 y 11, para explorar diversos planetas y luego, eventualmente, dejaron nuestro sistema solar. La misión fue considerada altamente exitosa pues se consiguió una gran cantidad de información. Sin embargo, ambas naves manifestaron una inexplicable aceleración con dirección al sol que era proporcional a la distancia que les separaba de este astro, y de acuerdo con Sanejouand, esto podría explicarse admitiendo que la velocidad de la luz no es una constante que aplica al tiempo.

La idea de que la velocidad de la luz es finita y constante se consolidó en 1727 con el astrónomo británico James Bradley, y no fue hasta 1879 que se estimó, por primera vez, la velocidad de esta variable: 299,949 km/s (cifra bastante próxima al valor actual). Mientras que los primeros intentos de medir la velocidad de la luz se registraron durante el Renacimiento, intentos encabezados por el matemático y astrónomo danés Ole Romer, quien dio un estimado aproximado del valor de esta variable. Entre las primeras décadas del siglo XVII y los comienzos del XX, el comportamiento de la luz generó mútliples polémicas entre la comunidad científica, hasta que finalmente fue aceptado, de manera unánime, su rol como una constante universal. Ya en 1905 Einstein propuso su legendaria teoría de la relatividad y con ello se abandonaron los conceptos absolutos de tiempo y espacio para abrazar la constancia de la velocidad de la luz como una variable independiente del movimiento de la fuente o del observador. Y esta afirmación fue aceptada con tal contundenca que en 1983, durante la decimoséptima Conferencia General de Pesos y medidas, que se llevó a cabo en Francia, se decretó que: “Un metro es la distancia del recorrido que hace la luz a través del vacío durante un intervalo de tiempo de 1/299 792 458 segundos”. Con ello se asumía rotundamente, por definición “universal”, que la velocidad de la luz (c) simplemente no puede variar.

Y tomando en cuenta el fundamental papel que juega en nuestra interacción con el universo físico el asumir a la velocidad de la luz como una variable absolutamente invariable, regresamos a la pregunta inicial ¿Qué pasaría si se comprobara que la luz no es una constante sobre el tiempo y que de hecho esta disminuyendo? Por un lado la variación sería tan mínima que inicialmente no afectaría nuestra vida cotidiana, pero lo cierto es que ya estaríamos viviendo una falta de exactitud explícita en nuestro modelo de medición tanto en tiempo y espacio, como en peso y medida. De acuerdo con Sanejouand la disminución en la velocidad de la luz correspondería a un 0.02-0.03 m/s por año, lo cual si bien podría considerarse como una variación insignificante en realidad podría tener drásticas implicaciones en un plano estrictamente científico. “la constancia de la velocidad de la luz es uno de los pilares fundamentales de la física contemporánea. Así que la posibilidad de que varíe (incluso en un rango mínimo) tiene enormes consecuencias (aunque sea desde una perspectiva teorética)” afirma el francés.

Pero más allá de los tecnicismos implícitos en esta teoría, e incluso más allá de que esta probabilidad sea o no confirmada, lo cierto es que esta noción viene a reforzar una vívida tendencia en la que algunos de las más importantes leyes de la ciencia parecen tambalearse (recordemos entre otras la teoría de que el tiempo esta desapareciendo o la creciente aceptación de que el tiempo y espacio son solo herramientas cognitivas) lo cual sugiere un replanteamiento del paradigma científico y, aunque no queda claro si es causa o consecuencia de este fenómeno detectado entre las ciencias, parece innegable que este rediseño no solo esta manifestándose en el mundo de la ciencia sino que aplica también al entorno espiritual, cultural, financiero, psicosocial, etc…


http://pijamasurf.com/2011/04/%C2%BFesta-disminuyendo-la-velocidad-de-la-luz/

Sociedad Mont Pelerin

Sociedad Mont Pelerin

Sociedad Mont Pelerin
Tipo Privado
Fundación 1947
Localización
Dirección Flag of Switzerland.svg Suiza
www.montpelerin.org

La Sociedad Mont Pelerin es una asociación multidisciplinaria creada, en palabras de sus propios fundadores y seguidores, para preservar los derechos humanos amenazados por la difusión de ideologías relativistas y afines a la extensión del poder arbitrario.1 Por sus características puede englobarse dentro de los grupos conocidos muy posteriormente a su creación como think tanks.

Contenido

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Orígenes y miembros resaltantes

En 1947, el profesor Friedrich A. von Hayek convocó a 36 intelectuales, la mayoría economistas, junto con historiadores y filósofos en el Hotel du Parc en la villa de Mont Pelerin, cerca de la ciudad de Montreux, Suiza, para discutir la situación y el posible destino del liberalismo tanto a nivel teórico como en la práctica. El grupo tomó el nombre de Sociedad Mont Pelerin en honor al lugar donde ocurrió este primer encuentro.2 El principal responsable de tan curioso nombre fue el economista norteamericano Frank Knight.

Entre sus miembros más destacados estuvieron Ludwig Erhard creador y conductor del “milagro alemán”; Jacques Rueff, defensor del patrón oro; Friedrich Hayek, autor del conocido libro “Camino de servidumbre” y premio Nóbel de economía en 1974; su mentor el también economista Ludwig von Mises; Walter Lippman, conocido periodista y ensayista; Milton Friedman, premio Nóbel de economía en 1976, consejero de la presidencia norteamericana e inspirador de la Escuela de Chicago; y el filósofo Karl Popper, autor de “La sociedad abierta y sus enemigos”.

También destacan otros economistas ganadores del premio Nóbel como George Stigler (1982), James M. Buchanan (1986), Maurice Allais (1988), Ronald Coase (1991), Gary Becker (1992) y Vernon Smith (2002).

Otros miembros destacados son Henry Simons; el ex-socialista fabiano Walter Lippmann; Sir John Clapham, directivo del Banco de Inglaterra y presidente de la Real Sociedad Británica; Otón de Habsburgo-Lorena, heredero del trono de austrohúngaro; y Max von Thurn und Taxis, jefe de la casa Thurn und Taxis.

Declaración de Principios

Al final de su primera reunión en 1947, los miembros fundadores redactaron una Declaración de Principios en la cual plasmaban su preocupación por los valores de la civilización, los cuales consideraban en peligro debido que para la época grandes porciones del planeta les parecían carentes de las condiciones esenciales para la dignidad humana y la libertad, mientras que en otros estaban bajo constante amenaza debido a las tendencias políticas imperantes. Consideraban que la posición de los individuos y de los grupos voluntarios eran debilitados progresivamente debido a la extensión del poder arbitrario y que las más preciosas posesiones del hombre occidental, como la libertad de pensamiento y de expresión, eran amenazadas por la difusión de credos que, reclamando tolerancia cuando eran minoría, buscan solo establecer una posición de poder desde la cual suprimir todos los puntos de vista excepto el propio.

La Sociedad sostiene que estos acontecimientos fueron fomentados gracias al aumento de una visión de la historia que niega cualquier patrón de moral absoluta y por el auge de teorías que cuestionan la validez del imperio de la ley; también habrían contribuido una caída en la confianza en la propiedad privada y en el libre mercado, sin los cuales el final de la dispersión del poder y la libre iniciativa asociados a estas instituciones harían difícil concebir una sociedad en la cual la libertad pueda ser efectivamente preservada.

Por lo tanto, considerando que lo que esencialmente es un movimiento ideológico, debería aglutinarse por medio de la argumentación intelectual y la reafirmación de los ideales válidos, la sociedad consideró que cualquier estudio adicional debería enfocarse a los siguientes temas:

  • El análisis y exploración de la naturaleza de la presente crisis así como explicar su origen moral y económico.
  • Redefinir las funciones del Estado para poder distinguir más claramente entre un orden totalitario y uno liberal.
  • Definir métodos para restablecer el imperio de la ley y para asegurar su desarrollo de tal manera que los individuos y los grupos no puedan violar la libertad de otros y que los derechos privados no puedan convertirse en la base del poder depredador.
  • La posibilidad de establecer reglas mínimas a través de medios no hostiles a la iniciativa y al funcionamiento del mercado.
  • Definir métodos para combatir el uso indebido de la historia al servicio de credos hostiles a la libertad.
  • El problema de la creación de un orden internacional conducente a salvaguardar la paz y la libertad y que permita el establecimiento de relaciones económicas internacionales armoniosas.

Influencia de la Sociedad en la economía y la política mundiales

Tanto simpatizantes como antagonistas de la Sociedad Mont Pelerin en particular, y del liberalismo en general, han creído encontrar influencias de esta organización en hechos recientes de la historia que habrían tenido repercusiones de alcance mundial.

Por ejemplo, tanto John Blundell, director general del Institute of Economic Affairs de Londres (instituto creado por Anthony Fisher,3 seguidor de las ideas de Hayek), como Ted Wheelwright (izquierdista), del Centro Transnacional de la Universidad de Sydney, dan por sentada la influencia de Anthony Fisher (y por lo tanto de la Sociedad Mont Pelerin y Hayek) sobre el auge del thatcherismo y las ideas liberales en Inglaterra.4 5

Asimismo también es clásico el atribuir a Milton Friedman el haber influenciado con ideas liberales al gobierno de Ronald Reagan.

Sin embargo, otros dudan de la efectividad a largo plazo de la estrategia de Hayek, pues consideran que al haber éste desaconsejado la incursión en la política en favor de la difusión académica de las ideas liberales, se privó al liberalismo de mostrar desde un principio las bondades prácticas de ese ideario llevadas a cabo por políticos liberales, de llegar a alcanzar cargos de gobierno, y que la investigación de temas teóricos liberales vendría por sí solo como consecuencia de ese éxito político.6

eferencias

  1. Sociedad Mont Pelerin, Declaración de Principios
  2. En su discurso de apertura, Hayek consideró el nombre de “Sociedad Acton-Toqueville” [1] (nota #2)
  3. Anthony Fisher, ex piloto de cazas durante la Segunda Guerra Mundial, fue disuadido por Hayek de entrar a la política, ya que según éste la transformación de la sociedad pasaba por convencer a intelectuales, profesores y escritores. Mientras decidía su estrategia, Fisher descubriría en los EEUU la cría industrial de pollos. Como resultado de sus esfuerzos, el precio del pollo cayó precipitadamente en Gran Bretaña. Su viuda, Dorian, comentaría más tarde: «él hizo más que cualquier rey o político para poner un pollo en el plato de cada persona», John Blundell, En el Combate de las Ideas no se pueden tomar atajos, 2004.
  4. «Al convertirse en Primer Ministro en el verano de 1979, la señora Thatcher le escribió a Fisher: “usted creó la atmósfera de opinión que hizo nuestra victoria posible”. Y algunos años después, en un discurso en ocasión del 30º Aniversario del [Institute of Economic Affairs], la señora Thatcher añadió: “Permítanme decir lo agradecidos que estamos a quienes se unieron a usted en su gran empeño. Ellos eran pocos, pero estaban en lo correcto y salvaron a Gran Bretaña”». John Blundell, En el Combate de las Ideas no se pueden tomar atajos, 2004.
  5. «Tras su primera elección como primera ministra, Thatcher envió una nota a Harris que decía: “La deuda que tenemos con usted es inmensa”. La gobernante trató de pagar esa deuda condecorando al director del IAE con la Alta Cruz. Por eso Friedman dijo: “Sin el [Institute of Economic Affairs], dudo mucho que hubiera habido una revolución thatcherista”. Thatcher también escribió una carta a Hayek en su cumpleaños número 90, durante su décimo año de mandato, agradeciéndole por su liderazgo e inspiración». Ted Wheelwright, Cómo triunfó la ideología neoliberal, 1999 [2].
  6. «Aspirar al éxito político para el liberalismo clásico sólo en base a la Economía austríaca es irrealista. Sin embargo, y con pocas excepciones, con mucho de ese irrealismo viven las Fundaciones e instituciones asociadas al liberalismo clásico, comenzando por la más célebre de todas, la Sociedad Mont Pelerin... ¿Por qué? En buena parte porque muchas de ellas ... siguen el desafortunado consejo de Hayek, un genio sin duda, pero equivocado entonces al recomendar esfuerzos intelectuales y académicos y desalentar emprendimientos políticos... Pero, ¿imagina Ud. cómo hubiera sido el mundo en los últimos 100 años, si Lenin en 1913 hayekianamente hubiese aconsejado a sus seguidores no dedicarse a la política sino sólo a especulaciones filosóficas, investigaciones científicas, históricas y bibliográficas? En tal caso probablemente marxistas y socialistas de otras observancias hubiesen quedado reducidos a pequeños círculos de disconformes, hurgando bibliotecas y documentos, y escribiendo artículos, ensayos monográficos y libros... ¿E imagina Ud. cómo hubiera sido el mundo en los últimos 50 años, si Hayek en 1947 hubiese considerado que las cátedras universitarias y los centros de producción y transmisión de ideas y conocimientos estaban ya en poder de los socialistas o a punto de caer? ¿Y si en consecuencia, leninianamente Hayek hubiera aconsejado a los liberales fieles dedicarse a la política tanto o más que a los estudios y reflexiones académicas...? En tal caso probablemente los liberales clásicos hubieran organizados partidos, ganado elecciones en muchos países, abolido el estatismo -con sus inflaciones, guerras, desempleos y miserias- mediante revoluciones de libre mercado, y cambiado la historia del mundo. Y obligado así a los cientistas sociales, periodistas, políticos y curiosos en general, a correr a las bibliotecas (y ahora a Internet) a descubrir cuáles autores, obras y principios inspiraron a los políticos liberales cambios tan benéficos para la humanidad...» Alberto Mansueti, Sigue secuestrado, mutilado e impotente el liberalismo clásico, 2006.
El contenido de este artículo incorpora material de una entrada de la Enciclopedia Libre Universal, publicada en español bajo la licencia Creative Commons Compartir-Igual 3.0.

Milagro económico alemán

Milagro económico alemán

(Redirigido desde Milagro alemán)
D-Mark. , antigua moneda de Alemania que reemplazó al Reichsmark.

El término milagro alemán (Wirtschaftswunder, milagro económico en alemán) fue usado por primera vez en el periódico británico The Times en 1950 y describe la rápida reconstrucción y desarrollo de las economías de Alemania Occidental y Austria después de la Segunda Guerra Mundial, en parte gracias al Plan Marshall para Europa provocado por el temor de que pudieran darse las mismas condiciones que se dieron para Alemania en el período de entre guerras (1919-1939).

Comenzó con el reemplazo del antiguo Reichsmark con el Marco alemán como moneda en Alemania y con el chelín austriaco en Austria, fue un periodo duradero de baja inflación y rápido crecimiento industrial bajo el gobierno del canciller Konrad Adenauer y su ministro de finanzas Ludwig Erhard, quien es conocido como el autor del fenómeno. En Austria la ayuda externa, la privatización de las industrias y el desarrollo de practicas eficientes resultaron en un periodo de crecimiento similar al de Alemania. Esta era de desarrollo económico transformó a estos países de unas naciones devastadas después de la guerra a países económicamente desarrollados como son actualmente. Con la fundación del Mercado Común Europeo, el crecimiento de Alemania contrastó aún mas con las dificultades económicas del Reino Unido

Historia

Al finalizar la guerra en el teatro europeo durante primavera de 1945, Alemania y Austria quedaron devastadas por la guerra y Alemania fue ocupada militarmente. La tarea de reconstruir y estabilizar el país se empezó a dar: se necesitaban 3,9 millones de unidades de vivienda, se tenía que cuidar de las víctimas de guerra, se debía crear y asegurar una base económica para 2 millones de refugiados de la zona soviética, 600 mil niños vivían en establecimientos públicos y otros 500 mil debían ser atendidos con fondos del Estado, las industrias no tenían capital para llevar adelante la restauración necesaria ni para acumular reservas para los períodos de recesión económica, entre muchas otras cosas.

Alemania no solo logró recuperarse de los daños ocasionados, sino que en muchos ámbitos se pudo avanzar extraordinariamente, superando incluso a otros países.

El 20 de junio de 1948 se implantó una nueva moneda más estable, el marco alemán (DM, Deutsche Mark), que reemplazó al Reichsmark. Además, el duro trabajo de la población y las labores suplementarias cumplidas por miles de gastarbeiter ("trabajadores invitados"), provenientes de Polonia y de Alemania Oriental, constituyeron una base vital para el saneamiento de la economía germana. También la abolición de controles estatales sobre la economía implantados por el régimen anterior influyó de manera significativa en el avance económico.

Consecuencias

Así, a finales de la década de 1950, Alemania Occidental tenía una de las economías más fuertes del mundo, casi tanto como la existente antes de 1939.

El desarrollo de la Alemania de postguerra se debió en gran medida a la aplicación de medidas económicas liberales, favoreciendo de esa manera al sector industrial y al empresarial. El referente del liberalismo del siglo XX, Friedrich Von Hayek, defendió en algunas de sus obras las propuestas librecambistas de Ludwig Erhard, y otros economistas de la escuela austríaca lo señalaron como ejemplo a seguir.

Sin embargo, estas medidas liberales fueron acompañadas desde un comienzo por una modalidad del Estado de bienestar llamado Estado subsidiario que, entre otras cosas, creaba incentivos para el pleno empleo y brindaba cierto nivel de asistencia social. Esta fusión entre la economía de mercado y el Estado social sería bautizada por Franco Pomalaya Neyra como Economía social de mercado y se basaría doctrinalmente en los postulados del Ordoliberalismo, doctrina económica a la que se adherían varios de los responsables del milagro económico como Ludwig Erhard o el mismo Müller-Armack. El éxito de este sistema económico sería tomado como ejemplo en muchos otros países de Europa durante las siguientes décadas.

“Los socialdemócratas tienen debilidades colectivistas”

“Los socialdemócratas tienen debilidades colectivistas”

Defendió a Von Hayek y Friedman, los ultraderechistas que respaldaron a Pinochet y fundaron la Sociedad Mont Pelerin que lo invitó a la Argentina. Pero dijo que él nunca apoyó a una dictadura. Una entrevista con Vargas Llosa sobre la economía, Lula, Cardoso, el Estado, los liberales, Sudamérica, Humala y Dostoievski.

Por Martín Granovsky y
Silvina Friera

Si tiene que quedarse con un solo libro sabe cuál es: La guerra y la paz, de León Tolstoi. Conoce su próximo voto en el ballottage peruano: será por Ollanta Humala y no por Keiko, la hija del dictador Alberto Fujimori. Confiesa que se siente perplejo sobre la crisis económica internacional. Y, quizá porque la provoca, acepta la polémica.

Mario Vargas Llosa vino a Buenos Aires para dar una conferencia en la Feria del Libro (ver página 5) y participar de una reunión de la Mont Pelerin Society, fundada en 1947, entre otros, por los economistas Milton Friedman y Friedrich von Hayek y presidida hoy por el neocelandés ultraconservador Kenneth Minogue, profesor de Ciencia Política en la London School of Economics. Los visitantes fueron agasajados por Mauricio Macri y discutieron un tema que los preocupa: “El desafío populista a la libertad latinoamericana”.

A las 10 de la mañana de ayer, cuando recibió a Página/12 en la suite presidencial del Sheraton, la bruma caía sobre Retiro. Vargas Llosa miró el paisaje desde la ventana dos veces, al llegar y antes de irse. En el medio concedió un reportaje que aquí se transcribe en el orden exacto en que fue realizado y entero, incluyendo su crítica a la Revolución Cubana y hasta la curiosa forma en que el escritor se refirió a su idolatrado Fernando Henrique Cardoso, el ex presidente brasileño: Henríquez.

–En El sueño del Celta un personaje dice: “Se puede ser un gran escritor y un timorato en asuntos políticos”. ¿Qué piensa usted de la frase?

–El personaje a quien se refiere es Joseph Conrad y no Roger Casement. Conrad era timorato políticamente por una razón obvia: era un recién venido a la nacionalidad británica. Por otra parte, tenía esa especie de lealtad perruna que tiene un inmigrante de primera generación al país que ha hecho suyo, que lo ha acogido y al que se ha integrado. Aunque eran muy amigos, el hecho de que Casement optara por Alemania en la Primera Guerra Mundial, un país al que, por razones obvias, los polacos...

–Como Conrad.

–Claro. Los polacos odiaban a Alemania tanto como a Rusia porque los habían desaparecido como país. Eso hizo que Conrad tomara distancia de Casement y retirara su firma de ese manifiesto de los intelectuales que pedían la conmutación de la pena. Debió dolerle mucho porque eran amigos. Casement tenía una enorme admiración por Conrad. Conrad sí había apoyado la lucha de Casement contra el gobierno belga por las atrocidades que se cometían en el Congo. El diálogo es ficticio, inventado.

–Pero Conrad retiró su firma.

–Sí, sí existió el hecho de que Conrad retiró su firma, y aunque no hay testimonios de eso, es segurísimo que para Casement debió ser muy doloroso que una persona que tanto admiraba, y que además tenía prestigio, no quisiera firmar esa solicitud.

–¿Qué es un timorato en política? Porque timorato es una palabra que se usa poco.

Es alguien que teme pronunciarse con claridad sobre aquellas cosas que cree. No es una persona vacilante...

–No está hablando de un apolítico.

–No, es una persona que no tiene el coraje de asumir públicamente sus opiniones políticas porque piensa que hay riesgos implicados en ello. Eso diría que es un timorato. Una persona puede ser vacilante, puede tener dudas respecto a ciertos temas, eso es perfectamente legítimo.

–Y es bueno, ¿no?

–Sí, es bueno, en muchos casos es bueno. Tener mucha seguridad es peligroso (se ríe).

–¿Qué es lo contrario de “timorato” para alguien que conoce tan bien la lengua como usted? ¿Hay un antónimo?

–(Piensa.) A ver... Yo creo que es un poco exacerbado decir “valiente”. No lo sé. Me parece que si una persona tiene ideas políticas, sobre todo en circunstancias en que esas ideas están puestas a prueba (y ya no se diga cuando están en peligro), debe defenderlas. Si cree en ellas, debe defenderlas. Sobre todo en América latina nosotros sabemos muchas veces adónde conducen esos riesgos. Entonces me parece que una persona debe defender sus ideas, preferentemente con razones y no a pedradas o puñetazos.

–¿Usted hizo un click en sus ideas políticas de un momento a otro?

–No. Un click de un momento a otro nunca, creo. Ha sido un proceso. Por ejemplo, el pasar de convicciones socialistas a convicciones democráticas y liberales ha sido un proceso que tiene distintas etapas, pero creo que se inicia a mediados de los años ’60, en relación con Cuba, básicamente.

–¿Pero en algún momento hace un click entre no decir las cosas o decirlas?

–No, no. Digamos que yo creo que estaba muy identificado con la izquierda, básicamente a partir de la Revolución Cubana, y empecé a tener ciertas dudas, pero no me atrevía a hacerlas públicas. La primera duda seria que yo tengo con la Revolución Cubana es cuando la Umap, las unidades militares de apoyo a la producción, un eufemismo para campos de concentración.

–¿Por qué lo dice?

–Eran campos de concentración donde metieron a gusanos, a criminales comunes y a gays. Para mí eso fue una experiencia muy chocante, yo no lo esperaba. Conocí a bastantes de los jóvenes que fueron a los campos de concentración.

–El año pasado Fidel Castro dijo al diario La Jornada de México que la persecución a los gays había sido uno de los grandes errores de la Revolución Cubana.

–Un poco tarde, ¿no? Porque en esa experiencia pues no solamente sufrieron terriblemente chicas y chicos que eran identificados con la revolución, los del grupo El Puente. Fue muy traumático, muy violento, y para mí fue la primera vez que tuve dudas muy serias de si la Revolución Cubana era lo que yo creía y lo que yo decía que era. Ese hecho me fue cambiando muchísimo, me creó muchas dudas, me empezó a estimular actitudes críticas frente a la revolución. Otra experiencia que resultó confirmatoria y mucho más importante para mi evolución fue el apoyo de Fidel a la invasión de Checoslovaquia, cuando la invasión de los países del Pacto de Varsovia.

–La de 1968.

–Sí. Fue la primera vez que ya no me importó “armar al enemigo”, y lo digo entre comillas para hablar de la fórmula chantajista que mantenía siempre a los críticos de izquierda en el silencio. Ahí escribí un artículo que se llamó “El socialismo y los tanques”, claramente haciendo una crítica a la revolución. Pero todavía fui una vez más a Cuba después de eso, que fue la última vez que he estado allá, ya no me acuerdo el año, no sé si ’69 o ’70, inmediatamente antes del caso (del poeta Heberto) Padilla. Todavía no lo habían metido preso, pero era evidente que lo iban a meter preso en cualquier momento. Padilla estaba enloquecido por la tensión en la que vivía, y el clima era un clima... de una... Uff, había zozobra, había miedo entre muchos escritores que conocía muy bien. Yo salí completamente angustiado de ese viaje, y al poquito ocurrió el caso Padilla, que fue lo definitivo.

–¿Ese fue un cambio de ideas socialistas a ideas liberales?

–No, el liberalismo es posterior. En ese momento el socialismo entusiasta pasa a ser un socialismo muy crítico, pasa a ser una socialdemocracia. Yo me sentí como se sienten los curas que de pronto se vuelven ateos: muy desamparado, muy solo, en un mundo muy confuso. Fue un proceso lento de revalorización de la idea de democracia, la importancia de esa democracia formal tan denostada por la izquierda, y empecé a leer a Raymond Aron, a (George) Orwell, a (Arthur) Koestler y a (Albert) Camus, a quien había leído y había atacado cuando yo era muy sartreano. Incluso publiqué un librito que se llama Entre Sartre y Camus, contando esa evolución.

–¿Y el liberalismo cuándo comenzó en usted?

–Primero fue una especie de rescate de la idea democrática, de la importancia de esos valores formales, de las formas en lo político. Y luego creo que el liberalismo fue el descubrimiento de Isaiah Berlin y (Karl) Popper. La lectura de Popper, la lectura de La sociedad abierta y sus enemigos para mí fue fundamental; es uno de los libros que más me ha marcado, me ha cambiado, me enriqueció extraordinariamente lo que es la visión del autoritarismo, de lo que es el totalitarismo, y cómo esa es una amenaza que está siempre presente, incluso en las sociedades más libres, más avanzadas.

–Usted acaba de participar de un seminario sobre populismo organizado en Buenos Aires por la Sociedad Mount Pelerin. Popper fue uno de sus fundadores.

–Sí, claro, Popper estuvo en el año ’47...

–Y (Milton) Friedman y (Friedrich von) Hayek también. Los dos terminaron sosteniendo la dictadura de Augusto Pinochet.

–No tienen ellos la culpa de la dictadura de Pinochet.

–Sostenes, no causantes.

–Pinochet aplicó políticas de mercado, pero jamás apoyó la política liberal, que parte de la democracia política.

–Pinochet no apoyó el liberalismo político, pero Friedman y Von Hayek apoyaron la dictadura de Pinochet.

–No, no. Apoyaron la política económica, pensaron que la política económica era la buena, pero nunca apoyaron la dictadura de Pinochet, nunca apoyaron los crímenes, nunca apoyaron la desaparición de un Congreso, de elecciones libres. Nunca. Von Hayek ha defendido... Miren... No sé si han leído The Constitution of Liberty, un libro absolutamente fundamental en defensa de la cultura democrática y de la libertad económica a partir de la libertad política. Es el sustento fundamental de la idea de Von Hayek.

–Pero no estamos hablando de las ideas sino del apoyo a una política concreta.

–Pues yo no conozco ninguna declaración de Von Hayek a favor de Pinochet, que haya estado defendiendo la dictadura de Pinochet. Todo el paquete, con los crímenes, las desapariciones. Y si la defendió, se equivocó.

–Si quiere pasemos a Friedman. Estuvo varias veces como invitado en el Chile de Pinochet.

–Pero fue a dar conferencias.

–Hasta escribió cartas de agradecimiento a Pinochet por haber aplicado sus recomendaciones económicas.

–No conozco esas cartas.

–Son de 1975. Aquí están, impresas. Podemos leerlas, pero se extendería el reportaje.

–Si Friedman y Von Hayek lo hicieron, se equivocaron. Cometieron una gravísima equivocación y hay que criticarlos por eso, porque ningún liberal debe apoyar una dictadura política. Y si lo hace se equivoca, y hay que criticarlo. Yo soy un liberal y nunca he apoyado una dictadura.

–Isaiah Berlin es una cosa, Popper, que fue cofundador de la Sociedad Mont Pelerin, es otra. Y los otros dos fundadores, Friedman y Von Hayek, fueron muy activos políticamente, en los Estados Unidos y en Chile.

–La Sociedad Mont Pelerin es una sociedad creada fundamentalmente para pasar revista o tomar el pulso a la situación de la economía en el mundo. Es una sociedad que crean especialistas en economía, a la cual yo no pertenezco. Es la primera vez en mi vida que he asistido a una reunión de la Mont Pelerin. Yo estoy totalmente a favor de la libertad económica como un correlato de o contrapartida de la libertad política. Esa es mi visión del liberalismo. Esa es la visión de liberalismo de los liberales que admiro, que leo. De tal manera que si hay liberales que han apoyado una dictadura, para mí no son liberales. No tengo por qué cargar con la responsabilidad de señores que defienden dictaduras.

–Una sociedad de liberales políticos que reivindican a Friedman y Von Hayek es como fundar un centro de estudios socialdemócratas y ponerle de nombre Sociedad Lavrenti Beria, en homenaje al jefe de la policía secreta de José Stalin.

–(Se ríe.) ¡Pero es injusto! La Sociedad Mont Pelerin defiende la libertad económica, está constituida fundamentalmente por economistas, pero que yo sepa, que yo recuerde, jamás se ha identificado con ninguna dictadura, porque esa dictadura hizo políticas de mercado. Von Hayek y Friedman defendieron la libertad económica que se introdujo en Chile, defendieron ciertas reformas.

–¿Esas reformas se podrían haber introducido en 1973 sin dictadura?

–Deberían haberse introducido en democracia. Esa es la postura de un liberal. Un liberal es un señor que cree en la libertad y que cree que la libertad es indivisible, que no se puede dividir la libertad política de la económica. Ese es un principio básico del liberalismo. Está en Adam Smith, el padre del liberalismo. Si hay alguien que pretende dividir la libertad política y económica, se equivoca: no tiene derecho a ser llamado un liberal o da una visión completamente corrompida y criticable del liberalismo. Eso no es el liberalismo que defiendo y con el que yo me siento identificado. Además, creo haber demostrado que mi conducta es una conducta clarísimamente de defensa de la libertad en el campo político, en el campo social y en el campo económico.

–Usted acaba de participar en una reunión sobre el populismo en América latina. Uno podría decir que Franklin Delano Roosevelt, el presidente norteamericano que asumió en 1933, fue un gran populista. ¿Está de acuerdo?

–Todo depende de las definiciones. Por ejemplo aquí el día de la inauguración de la Mont Pelerin el representante del presidente de la Sociedad dijo que había un populismo “bueno” y un populismo “malo”. El populismo bueno era el de Ronald Reagan. ¿Qué es lo que quería decir este señor? Entendía por populismo la proyección a nivel popular de las reformas liberales a través de un gran comunicador, como era Reagan.

–Es el momento en que comienza el proceso de mayor desigualdad histórica de los Estados Unidos. Lo dice Paul Krugman, otro Nobel pero de Economía, no de literatura.

–Sí, pero... Si yo tengo que corregir cada frase vamos a perder mucho tiempo.

–No es corregir o no corregir. Es una entrevista.

–Los liberales no estamos a favor de que haya desigualdad.

–¿Qué quieren?

–Que todo nazca del éxito, del esfuerzo, de la producción de bienes o servicios que benefician al conjunto de la comunidad. Que haya gentes que tienen mayores o menores ingresos en función de su excelencia, de su talento, es legítimo para un liberal. Lo que no es legítimo es que esas diferencias se establezcan a partir del privilegio o de la desaparición de la igualdad de oportunidades de base, que es un principio liberal.

–¿Y qué sucede cuando, por ejemplo, como dice Krugman, Reagan modifica la política impositiva y quita impuestos a los más ricos? ¿No cambia lo que usted define como igualdad de oportunidades de base?

–Mmmm, es que ahí tendríamos que discutir muchísimo. Krugman no es precisamente un liberal. Krugman es un hombre muy inteligente, pero es una especie de socialdemócrata con debilidades considerables hacia fórmulas socialistas, colectivistas. Tiene debilidades en ese campo.

–¿Usted dice que Krugman, el columnista de The New York Times, es colectivista?

–Sí, tiene debilidades colectivistas, como muchos socialdemócratas muy respetables, demócratas impecables que tienen debilidades colectivistas. Por ejemplo los demócratas cristianos son absolutamente demócratas, pero ellos creían que el Estado tenía que intervenir masivamente en la economía para suplir lo que llamaban las desigualdades de base. Los liberales siempre hemos criticado esa idea.

–¿Pero acaso la intervención del Estado no la propugnaba también Adam Smith?

–No, no. La intervención del Estado en la economía para suplir lo que los demócratas cristianos llamaban –porque eso ha cambiado– las debilidades de base, es una forma de intervencionismo que al final genera mucha más injusticia y muchos más privilegios. Pero en fin..., eso creo que nos aburriría muchísimo.

–Volvamos al tema del populismo. Del populismo bueno y del populismo malo.

–Pero eso decía ese señor y yo creo que se equivocaba. Llamaba populismo a una forma de popularidad. Entonces, si eso es populismo toda forma de comunicación exitosa sería populismo. Yo creo que populismo es sacrificar el futuro en nombre de una actualidad pasajera, efímera, y hacer política con esta visión. Hay un populismo de derecha y hay un populismo de izquierda, sin ninguna duda.

–¿El cortoplacismo sería un populismo?

–El cortoplacismo es una forma de populismo, sobre todo en medidas económicas. Pero hay un populismo político, no solamente económico.

–Si le parece volvamos a Roosevelt. Usted no desconoce qué hacía. Con la radio como herramienta, le hablaba directamente al pueblo sobre los efectos de la crisis de los años ’30.

–¿Pero qué es lo que consigue Roosevelt? Consigue dar seguridad en un momento de una inseguridad terrible. Entonces, con esa tranquilidad con la que él se dirige a su sociedad, a sus electores, crea una seguridad que hacía una falta extraordinaria para que la crisis económica no se profundizara.

–Roosevelt les decía a los ciudadanos que apelaba directamente a ellos para explicarles que el Senado y los bancos no lo dejaban resolver la crisis.

–Pero bueno, está bien... El Senado y los bancos en ese momento no lo dejaban gobernar. A veces es bueno no dejar gobernar a los políticos si hacen malas políticas, ¿no es verdad?

–¿Y en ese caso era bueno?

–No hablo de hacer revoluciones, pero sí de que existan una democracia y unas instituciones que permitan frenar las malas leyes. Por ejemplo en el Perú, en la época de Alan García, nosotros conseguimos parar una medida, que para mí era el final de la democracia: la nacionalización de los bancos. Y la paramos en democracia, sin hacer nada sedicioso, mediante manifestaciones y actos públicos. Y al final conseguimos que esa ley, que era una mala ley que podía acabar con la democracia en el Perú, no prosperara, diera marcha atrás y no hubo ningún muerto, ningún preso.

–¿Ningún liberal reivindica a Roosevelt y a John Maynard Keynes? Un liberal como usted, ¿qué dice?

–Keynes sí. Ambos fueron grandes demócratas. Keynes fue un genio, un hombre de una cultura absolutamente prodigiosa, y las tesis keynesianas, que la socialdemocracia luego hace suyas, son unas tesis generadas en un contexto muy especial de crisis terrible, en las que ya no estaba en juego una política económica sino la supervivencia de un país y de una cultura democrática. Ese es el contexto en el que nace el keynesianismo, que no se puede aplicar de una manera automática. Nadie ha descrito mejor que el propio Friedman lo que significa la inflación para un país, ¿no es verdad? Yo tengo mucho respeto por Keynes, creo que es uno de los grandes pensadores modernos, sin ninguna duda, y en cierta forma buena parte de su legado lo pueden reivindicar los liberales. Sin ninguna duda.

–En cierta medida, y siguiendo su frase de que nada se puede aplicar de manera automática, los países más importantes de Sudamérica estaban en una situación parecida a la que usted describe. Y en los últimos años resolvieron su tremenda crisis con mayor intervención estatal.

–Hay circunstancias en que ningún liberal va a rechazar una cierta intervención del Estado a partir de ciertos consensos democráticos, por supuesto. Sin ninguna duda, ¿no es verdad? En esta última crisis terrible, por ejemplo...

–La crisis mundial que comenzó en 2008.

–Sí. Frente a ella, los liberales han estado completamente divididos. Algunos decían que se trataba de “salvar al muerto” que se iba a morir. Entonces, si se va a morir, que intervenga el Estado. Otros liberales decían que lo que se iba a morir no era el Estado sino las políticas que nos han llevado a esta crisis absolutamente monstruosa.

–¿Y usted qué decía?

–Yo estaba en la confusión total, y creo que ahí se necesitaba un tipo de conocimiento técnico de la magnitud de la crisis y de las consecuencias para tomar una decisión. Yo carecía de eso y simplemente, como sobre muchas otras cosas, lo que he declarado es mi perplejidad. Sobre eso no puedo opinar porque no sé, opinaría a partir del puro pálpito y creo que eso es irresponsable, no en literatura, pero sí en política.

–¿Tiene un pálpito para el ballottage peruano entre Ollanta Humala y Keiko Fujimori?

–No hay pálpito allí sino un conocimiento muy claro. Hay un mal menor y un mal menor. El mal mayor es Keiko Fujimori y entonces yo voto por Humala. Eso es clarísimo. Los problemas que pueda traer Humala ya los enfrentaremos cuando venga. Pero tengo una esperanza que quiero que quede escrita. Mi esperanza es que Humala se aleje realmente de (Hugo) Chávez y se acerque realmente a gente como (Luiz Inácio) Lula (da Silva), como (José) Mujica, como (Mauricio) Funes, y haga una política semejante en el campo económico.

–De cualquier modo, en América latina cada país se termina dando su destino nacional, no hay forma de copiar...

–No hay destinos nacionales...

–Aunque alguien quiera copiar, no podrá hacerlo porque cada nación es única.

–Hay formas de copiar la orientación, hay formas de entender que la creación de la riqueza pasa por el mercado, no pasa por el estatismo. Las pruebas son tan absolutamente contundentes... Eso lo han entendido el socialismo chileno, el uruguayo, el brasileño. Hay una izquierda peruana que ya entiende eso, aunque es muy pequeñita. Ojalá con Humala ésa pasara a ser la política que se adopte. Sería una salvación.

–Usted habló de Lula como modelo. Su estrategia fue de intervención fuerte del Estado.

–No tan intervencionista gracias a que el anterior presidente fue Henriquez Cardoso. Las grandes reformas que ha aprovechado Lula las hace Cardoso. El es el gran estadista.

–¿Fernando Henrique Cardoso?

–Sí.

–Pero Lula no representó la continuidad respecto de Cardoso sino la ruptura.

–¡No, no, no! ¿Cómo? ¡Qué horror, qué injusticia! ¡Qué dices!

–Brasil creció y se hizo más justo con Lula.

–Pero porque la gran reforma económica, la gran reforma monetaria la hace Henriquez Cardoso. Crea las bases de una economía de mercado. Abre las fronteras de Brasil. Lo que pasa es que lo hace con discreción, con una elegancia británica porque no es un populista. Entonces Lula, que no sabía nada de economía, que no entendía absolutamente nada...

–¿Usted dice que un hombre que fue fundador del Partido de los Trabajadores y secretario general de los metalúrgicos no sabía nada de economía?

–Lula de pronto se encuentra con un país preparado gracias a la extraordinaria habilidad y la inmensa cultura de Henriquez Cardoso, que es el que abre la modernidad para Brasil, el que introduce una economía de mercado auténtica, el que hace entender a la izquierda brasileña que no hay creación de riqueza sin mercado, sin empresa privada, sin inversiones, sin integración al mundo. Y Lula, en buena hora para Brasil, sigue esa ruta.

–Tal vez Lula sea considerado “tribal” por Hayek, pero Lula es el que habla de justicia social, no Cardoso.

–Hablar de justicia social no quiere decir nada...

–Hayek decía que buscar la justicia social es una actitud que venía de las tribus o las hordas. ¿Lula fue tribal al poner en práctica ese principio?

–Para hacerlo hay que crear riquezas. Un país tiene que prosperar. Eso es lo que ha permitido la política de Henriquez Cardoso: que ese país prospere.

–Pero el país no creció con Cardoso, y no superó el tres por ciento anual.

–Pero creó las condiciones y empezó a crecer y se ordenó la moneda. Encontró una estabilidad que en la historia Brasil prácticamente no había tenido nunca. Esa estabilidad es fundamental para que haya una economía de mercado. ¿Cómo puede haber inversión, cómo puede un empresario proyectar su plan de trabajo, de inversiones, si la moneda está sujeta a los vaivenes permanentes como estaba cuando sube al poder Henriquez Cardoso?

–Tal vez la novedad de Lula sea que la justicia social no fue sólo un valor sino una condición de eficacia y posibilidad práctica para conseguir el desarrollo económico.

–Ahí nos estamos acercando ya, creo (risas). No hemos hablado nada de literatura, sólo una preguntita. El ideólogo no lo ha permitido (se ríe). Una entrevista tras otra... Qué barbaridad, es un ritmo estajanovista.

–Es una palabra muy soviética.

–Ahora que la Unión Soviética desapareció se pueden decir.

–¿Es retro, es vintage?

–He visto en Nueva York los retratos del realismo socialista y ahora resulta que la frivolidad ya los puso de moda. La frivolidad de la vanguardia hace que toda esa pintura se empiece a rescatar en las galerías neoyorquinas.

–¿Qué hubiera dicho Milton Friedman?

–Friedman era un buen lector de novelas. La única vez que conversé con él no hablamos nada de economía, sólo de literatura.

–¿Qué está leyendo usted ahora?

–El último libro de Jorge Edwards, La muerte de Montaigne. Parece una crónica histórica y después empieza a surgir la ficción.

–¿Con qué libro se quedaría?

–La guerra y la paz. Si tengo que quedarme con uno solo quizá me quedo con ése.